Cuando hablamos de aditivos alimentarios – o de aditivos en general -siempre existe la sospecha y las reservas de inicio, sean fundadas o no. Y la realidad es que, en ocasiones, se ofrece una imagen de estos que puede crear inseguridad e, incluso, alarma en la población. Esto es lo que lleva ocurriendo unos días con el óxido de titanio (TiO2), que en alimentación se conoce como aditivo E171 (Fuente).
